miércoles, 17 de septiembre de 2008

Sincero

Aquí donde todo es uno no podía faltar la burocracia. Filas interminables de almas cansadas. Hasta delante, los delegados leen todos los pecados de cada persona. Con el tiempo de la eternidad. La única intención es que las almas ingresen limpias al descanso final. Antes, la pregunta obligada acerca del arrepentimiento. Prácticamente todos, sedientos, contestan un rápido sí. Esa sílaba los exonera de sus pecados y en estado de gracia vivirán por siempre. Sin embargo, algunas almas sinceras contestan no. Esta respuesta acarrea consigo otra eternidad de preguntas y convencimientos. Por eso la fila es tan larga. Podría parecer lo contrario pero existen almas sinceras. Esas almas que no puede negar momentos de felicidad absoluta y prefieren seguir sedientos.